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Las nuevas guerras del siglo XXI

Las nuevas guerras del siglo XXI

Desde hace décadas, Colombia ha ido emergiendo a pasos agigantados entre los países con mayor producción de cocaína y heroína situándose entre los principales bloques dedicados a la venta de estas sustancias que se comercializan luego en países importantes de Europa Occidental como Francia, Italia o la propia España. De esta forma, la droga se ha convertido en la prncipal fuente de enriquecimiento de buena parte de la sociedad colombiana. Hasta hace pocos meses, ésta ha sido la historia que nos han vendido los medios de comunicación y que ha promovido la aparición de mafias y grupos paramilitares que buscan en el tráfico de estupefacientes y en la extorsión un estilo propio de vida.

Ahora, esta intrahistoria del pueblo colombiano ya ha escrito algún capítulo más, aunque de momento, parece que los medios aún no lo conocen bien o no les interesa venderla al público que sólo sabe de la existencia de una Colombia de narcos y de mafias dedicadas al comercio imposible.

Cuando el siglo XXI está a punto de cumplir su primera década de vida, al país colombiano y a los habituales grupos armados que operan en el feudo de la droga se les están uniendo otros clanes con similares intenciones de lucro y con idénticas respuestas violentas. Especuladores de guante blanco, mafias y bandas criminales que han encontrado un nuevo `El dorado´ en los biocombustibles y el comercio de CO2.  

De esta forma, Colombia sufre su tercera guerra con resultados desastrosos y donde unos tantos buscan una respuesta económica y un lucro aún sin cuantificar. Muy pocos medios se han hecho eco de este nuevo conflicto del siglo XXI que está empezando a compaginar la producción y el consumo de cocaína con el comercio de dióxido de carbono (CO2). Aunque es un negocio con beneficios a largo plazo, de momento sus efectos son marginales si se comparan con el comercio de la droga.

Pero lo que ocurre en Colombia es la historia de siempre. El dinero llamando por la vía rápida al dinero. Y esto hace que los narcos ya se hayan interesado por este nuevo mercado y así de paso puedan blanquear parte del dinero procedente del “sagrado” polvo blanco. Algo similar ocurre con los grupos de la guerrilla y los paramilitares. Todos buscan financiación en un negocio que parece coger el ritmo que muchos desean para lucrarse de forma improcedente.

En el único medio de comunicación que se ha interesado por estas nuevas guerras del siglo XXI, un ciudadano colombiano explicaba el modus operandi de este nuevo mercado del dióxido de carbono. “Invitan a la gente a una reunión, le dan de comer, ofrecen pagarle el combustible para sus embarcaciones y siempre se presentan con mucho dinero. Quien ofrece ayuda a la gente siempre es un empleado de una compañía privada. Les explica que todo cuanto tienen que hacer es vender sus derechos de emisión de dióxido de carbono. Y a cambio ganarán millones. Los rincones más remotos del país están sembrados de panfletos que ofrecen a las comunidades indígenas fortunas por el oxígeno de los bosques que llevan siglos sustentando su forma de vida”.

De esta forma, asistimos a la puesta en marcha de una nueva forma de conflicto, una nueva guerra que abre las puertas a los desencuentros silenciosos que parecen van a triunfar en el siglo XXI.

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1 comentario

Pedro Cuberrr -

Esto es un medio de vida, no un problema! Te quiero Gemma
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