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Elrinconabierto

Ese loco francés

Ese loco francés

El 14 de enero de 1887, pocos días antes de que se iniciara la construcción de la Torre Eiffel, el periódico Le Temp de París publicaba una carta abierta de protesta firmada por numerosos intelectuales franceses que calificaban la torre de “esqueleto horroso” y “Notre Dâmme de la quincalla”. Pese a esta oposición intelectual, la torre se levantó gracias a  los 140 millones de las antiguas pesetas aportadas por el propio Alexandre Gustave Eiffel  a cambio de una concesión para su explotación comercial y turística durante veinte años. Sólo en el primer año la visitaron un 1.968.000 personas.

El 31 de marzo de 1989 la construcción de la Torre Eiffel se dio por acabada. La torre fue levantada cerca del Campo de Marte en veintiséis meses por un equipo permanente de sesenta obreros, siguiendo las indicaciones de los 5.300 planos elaborados por el equipo de ingenieros. Su altura inicial fue de 312’27 metros, aunque con la antena que posteriormente se añadió se alcanzó los 320’75 metros. Su peso total es de 10.000 toneladas. Por centímetro cuadrado, la torre sólo ejerce una presión de 4’5 kilos sobre sus cimientos. La acción del viento hace que su cúspide metálica oscile en un arco de hasta seis o siete centímetros. Sus pilares están orientados a los cuatro puntos cardinales y se inscriben en un cuadrado de 125 metros de lado. Para subirla se han de trepar 1792 escalones, los cuales se sujetan, en buena parte, con más de un millón de remaches metálicos. En 1990, la torre fue aligerada en 1343 toneladas de peso mediante recortes practicados en el suelo puesto que había engordado aproximadamente esos mismos kilos a causa de la batería de antenas y ascensores incorporados al diseño original.

Hace 132 años, justamente la avanzada edad de esta vieja torre parisina, algunos  literatos y genios del momento como Gounod, Maupassant, Leconte de L’Isle o el propio León Bloy pensaron que Eiffel andaba enfrascado en algunas de sus locuras creativas. Quizás estos intelectuales deberían debatir en la actualidad estas teorías con el propio Sarkozy o el pueblo parisino de los últimos cincuenta años, a los cuales les genera casi catorce euros por persona cada vez que algún turista visita la parte alta de este gigantesco y singular edificio francés.

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