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Elrinconabierto

Sin galones pero con méritos

Sin galones pero con méritos

A lo largo de la historia, el ser humano comete más errores de los que jamás ningún escritor podría inventar y enumerar. Gracias a este tipo de fallos o de aciertos, los historiadores, escritores y filósofos consiguen nutrirse de ejemplos reales que luego utilizan para teorizar, crear, informar e incluso destruir al propio individuo.

En los últimos años, los políticos y entes con rol destacado en nuestro país han contribuido a destruir una faceta de la vida humana que tan buenos resultados podría dar en nuestros días, el reconocimiento de un “alguien” humano.

Ahora más que nunca, en medio de la controversia política y social que viven algunos rincones del globo como Afganistán, suele ocurrir que cada dos o tres meses, un soldado muere en una misión humanitaria, un soldado que luego más tarde, cuando sus restos vuelven a su país de origen, recibe la medalla al “no sé qué” que nadie entiende pero que queda en primera plana de todos los diarios nacionales.

Parece que hasta que no ocurren este tipo de infortunios, quienes dirigen desde la mesa y el sillón confortante, no perciben el riesgo, el peligro o simplemente el servicio que hacen a los demás (soldados, médicos, o mecánicos) que ponen su vida en peligro y que bien podrían ser reconocidos como entes importantes antes de partir al circo de fuego.

Al menos, estos suelen recibir el galardón del mérito aunque sea a modo póstumo, pues hay otros que ni siquiera tienen la suerte de colocarse una insignia en su chaqueta y recibir una calurosa ovación de los personajes destacados del panorama actual. Este es el caso de miles de personas que, por cualquier extraña circunstancia dedican su vida a cuidar de los más cercanos, de quienes están más débiles y que lo hacen sin recibir nada a cambio más que el abrazo, la mirada y el cariño de quien miman con esfuerzo y dedicación durante décadas.

Al quedar huérfano de quien cuidaban, quienes se dedican a esta labor humanitaria apenas pueden sobrevivir con una pensión que no supera los 500 euros y que no les permite ni siquiera un alquiler digno. A medida que pasan los años se olvidan de cobrar un dinero que sí que les pertenecen y se conforman con contemplar el rostro rugoso pero feliz de quienes se van pese a haber recibido los cuidados de estos otros héroes sin galones pero con miles de méritos para conseguir, al menos, uno de ellos.

 

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1 comentario

John Butron -

Hoy en día hay millones de personas en todo el mundo que dedican su vida a esto y nadie, absolutamente nadie se lo reconoce. Que triste, de verdad!
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